Caballos milagrosos

Dos años han pasado desde que Noemí Gutiérrez y su pareja, Aurélien Chopin, decidieran fundar su propio centro hípico L'Astarac, situado al pie de la carretera Madrid-Irún en la localidad de Lerma. Ella, amante de los caballos, decidió hacer de la hípica su pasatiempo, mientras que él lo convirtió en su profesión. Ahora, con más de 14 años de experiencia a sus espaldas, este jinete y monitor experto organizó hace poco una jornada de puertas abiertas para que todos aquellos interesados en el mundo ecuestre y sus peculiaridades, pudiera conocer también los beneficios que pueden aportar los equinos en la mejora de personas con discapacidad intelectual.


Beneficios que rápidamente llamaron la atención de los responsables del centro ocupacional de la Villa Ducal, que pensaron que la terapia con caballos o hipoterapia podía ser de gran utilidad para muchos de sus pacientes. «Este tratamiento permite enriquecer las capacidades motrices, cognitivas y emocionales de quienes interactúan con los caballos, además de mejorar su autoestima, su confianza, su memoria y su atención. Así que decidimos pedir ayuda a la Diputación y recibimos una subvención de tres sesiones de una hora y media cada una», explica la actual encargada del centro, Silvia González.
Un grupo de 12 personas y un par de cuadrúpedos han sido los protagonistas indiscutibles de las sesiones, donde los pacientes han podido establecer una primera toma de contacto con los equinos, los cuales han permitido que los acaricien, cepillen y hasta cabalguen. Sin embargo, tres clases como estas no dan para mucho más, lamenta González, quien espera recibir pronto la ayuda necesaria para que en el futuro puedan integrar esta actividad dentro del programa anual del centro. «Les vemos salir de L'Astarac contentos, entusiasmados y sonrientes. Sabemos que esto es muy bueno para ellos», señala.
La elección del caballo, explica Gutiérrez, no se deja al azar, pues no todos son aptos para llevar a cabo las terapias. «El caballo losino es ideal porque tiene una talla muy adecuada, dado que apenas alcanza el metro cuarenta de altura, y también porque tiene 'sangre fría', lo que significa que posee un temperamento muy noble y tranquilo», apunta.
Pero ¿por qué un caballo? Si bien es cierto que muchos animales pueden resultar eficaces en diversas terapias relacionadas con enfermedades mentales, como que la simple compañía de un perro puede ayudar a pacientes obsesivo-compulsivos, el caballo tiene la obvia ventaja de que se puede montar. «He visto a personas con parálisis cerebral subirse a un caballo y, de pronto, experimentar un subidón de autoestima. Se sienten autónomos, porque pasan de ver el mundo a 80 centímetros de altura, a verlo desde 1,5 metros», comenta Gutiérrez.

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