Mano negra

Agustín Herrero - Correo de Burgos

ENTRE CANGREJOS a la sartén y cordero horneado en Olmillos de Sasamón se mareaba la perdiz y hacíamos apuestas de lo que sucedería en la feria de Lerma. Esa que quieren, sea bienal y pulse el mismo latido que en Zaragoza.

La teoría de quien más sabe de caminos y atajos en Diputación, va por aquello de que cuando cambia de manos un ayuntamiento como el de Lerma, los papeles y chuletas de cómo hacer las cosas, se pierden y los nuevos tienen que aprender de cero. Villandiego es de los pueblos castellanos, prototipo, pequeño y abierto a los amigos, Celoso de lo suyo y con una docena de bodegas que esconden secretos inconfesables como los del viernes pasado. Sobre todo cuando codo a codo los alcaldes mayores y menores miran a los ojos a mandamases de la Excelentísima. Por esa razón estuve ayer en la Villa Ducal, donde el Antón sigue sentando en sus escaños a quienes saben de cordero sencillo, ensalada fresca y clarete. No se ha caído la feria como pronosticaban los agoreros y augures. El Oráculo ha errado y el boicot también. Faltaron marcas y expositores, si. Lerma reventaba de gente con ganas de sentirse burgalesa, castellano leonesa, española y europea. No, provinciana. Con Lerma es suficiente, no hace falta Villalar de los Comuneros. La teoría de la conspiración a la hora del café bajo tierra, entre Yudego y Castrillo de Murcia, insinuaba que quienes ya no mandan, hacen el vacío a Celia Izquierdo, la nueva alcaldesa lermeña de IPL. Iniciativa por Lerma con cinco concejales, se ha de entender con cuatro populares, uno de nueva candidatura independiente lermeña NCIL y otro de Ciudadanos C´s. Ni la taba de Briviesca y el bote de Melgar dan el morbo lotero de esta combinatoria. Por encima de los intereses de partido están los de pueblos y ciudades y en esto, la feria tiene vida propia y se revela contra la estupidez política. Cierto que entrados en primavera, el sol la ha salvado a punto de saltar por los aires, entre carpas de lona blanca, tractores y feriantes. Un año más y sin paraguas ha merecido la pena aunque las espadas están en alto y los depredadores afilan sus cheiras. Más de cincuenta años de tradición e ilusión tienen suficiente inercia a pesar de las bajas importantes de marcas conocidas. Mi confesor me cuenta que todo estaba preparado para cargarse la feria. Todo o nada. Que salte la banca. Hay quien dice que hay una mano negra.

Etiquetas: lerma, feria

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