La maldición de las aguas

Las aguas del Arlanza se asemejan mucho a las del tiempo: son tan impetuosas como imparables. Parece mentira que la primera noticia que hace referencia a la necesidad de embalsar las aguas de este río se produjera hace ya más de un siglo.

Exactamente 112 años, después de que unas salvajes riadas registradas en febrero de 1904, que incrementaron en cinco metros su nivel, se llevaran por delante fincas, viviendas y alguna vida humana.Acaso se las prometieran felices los vecinos de Salas, Lerma y todas aquellas localidades recurrentemente afectadas por el inclemente caudal. Infelices. Bien entrado el siglo XXI todo sigue como entonces: el caos reina cuando el Arlanza se embrutece y arrastra cuanto se topa en su camino, provocando destrozos, arruinando economías y quebrando ánimos.
La historia de la construcción de un pantano que regule este río parece la de nunca acabar, como los cuentos que piden los niños al acostarse cada noche. Aunque el final está cerca, son ya demasiados los años en los que siempre parece a punto de. La realidad es que en el año 2016 no está operativa infraestructura alguna que regule las aguas del Arlanza, y eso que la primera demanda seria se remonta al año 1934. Mal momento: dos años después la Guerra Civil abortó toda posibilidad de emprender cualquier proyecto.
No fue hasta mediados de la década de los años 40 cuando se retomó el plan. No en vano Franco se iba a pasar las décadas siguientes inaugurando pantanos aquí y allá. Pero no cayó la breva en Burgos con el Arlanza, a pesar de que en 1951 agricultores burgaleses y palentinos se reunieron en Lerma con los gobernadores civiles de ambas provincias, que les dieron esperanzas. Un año más tarde se conoció el proyecto.El pantano se construiría en Retuerta. Permitiría embalsar 117 hectómetros, poner en regadío 16.000 hectáreas pero con un coste que trascendería al económico: tendría que anegarse la localidad de Terrazas y el que es considerado uno de los iconos fundacionales de Castilla: el monasterio de San Pedro de Arlanza.
Por razones que se desconocen (y que algunos atribuyen a Alejandro Rodríguez de Valcárcel, recién nombrado gobernador civil de Burgos y jefe provincial del Movimiento, quien tenía tierras en las zonas que habrían de anegar las aguas) el proyecto quedó varado y cayó en el olvido. Se resucitó de nuevo en la década siguiente.En 1964, el Consejo de Ministros autorizó la celebración del concurso de obras del proyecto modificado con un presupuesto de 139 millones de pesetas. Su construcción a cuatro kilómetros aguas arriba de Covarrubias inundaría los pueblos de Retuerta y Cascajares así como el monasterio de San Pedro de Arlanza, y permitiría la puesta en regadío de 20.000 hectáreas.
Pero se produjo un nuevo parón, hasta que se retomó en la década de los 70 tras acordarse que la ruinas del cenobio sería trasladadas a otro emplazamiento. Sin embargo, cuando parecía que, por fin, el pantano de Retuerta iba a ser una realidad, en 1977 el Ministerio de Obras Públicas rescindió el contrato a la empresa adjudicataria de las obras, Portolés. Y 1981 llegó el anuncio ministerial: las obras iban a comenzar de inmediato.Así fue. Pero sólo tímidamente. En 1984 se acabó desestimando.

Castrovido.
Con Retuerta ya totalmente descartado, no fue hasta 1995 que comenzó a tomar forma la idea de embalsar el Arlanza en otro paraje, cercano a Castrovido, que no obligaría a anegar ningún villorrio. Pero desde entonces y hasta ahora nada ha salido bien y todo han sido problemas, parones, sucesos (en 2011 cuatro trabajadores murieron sepultados por una cuba de hormigón de 20 toneladas), retrasos en los plazos y en los permisos, modificaciones del proyecto aprobado como la que se produjo en 2004, cuando se anunció que se rebajaría la cota de la presa diez metros. Decisión que disgustó a todo el mundo, ya que suponía la enésima traba.
El coste total de la faraónica obra (a buen seguro que los egipcios no tardaban tanto en levantar una pirámide) ronda los 175 millones de euros. Construida por FCC, tendrá una capacidad de 44,13 hectómetros cúbicos y dará satisfacción a las demandas de la zona en cuanto a prevención de inundaciones, agua para consumo urbano, riego de 6.010 hectáreas y caudal ecológico del río Arlanza. El pasado mes de octubre la ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, realizó a pie de presa las últimas declaraciones oficiales sobre los plazos del embalse: aseguró que estaría funcionando en 2017. Lo cierto es que los Presupuestos Generales contemplan inversiones millonarias para ese año y los dos siguientes. ¿Será por fin una realidad el año que viene? ¿Podrán descansar los vecinos del valle de una vez por todas cuando diluvia o se produce el deshielo en las montañas? ¿Acabará de una vez por todas la maldición de estas aguas?

Etiquetas: lerma, arlanza

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