Las intrigas políticas del gran hotel...

G. Arce - Diario de Burgos

La vida y la economía de Lerma, incluso su perfil urbanístico coronado por los cuatro chapiteles de pizarra, ya no se entienden sin su parador. Son trece años de intensa actividad que le han situado entre los 20 establecimientos más valorados de la red de hoteles estatal. Con sus 4 estrellas y 70 habitaciones, el histórico palacio ducal alcanza actualmente un 60% de ocupación durante la semana y el 90% los festivos, da empleo a 43 trabajadores y acoge 5 congresos mensuales con una media de 30 participantes cada uno.


Hace dos décadas, cuando se empezó a gestar este proyecto turístico, estaba meridianamente claro el negocio y su viabilidad futura, pero fue necesario un auténtico encaje de bolillos para cuadrar los números y, sobre todo, la rivalidad y los intereses políticos contrapuestos entre el último gobierno de Felipe González y el pujante de José María Aznar que lo sustituiría, a los que les tocó dar el impulso definitivo al parador.
El arranque de la historia fue el preacuerdo que firmaron el 23 de febrero de 1996 los presidentes del Banco Español de Crédito y de Paradores de Turismo, Alfredo Sáenz y Eduardo Moreno, respectivamente, para ceder la casa-palacio del banco para la construcción del hotel de lujo, un proyecto que ya habían barajado sus anteriores propietarios, la multinacional Oasis y Marenma, del grupo financiero Pueyo, a principios de los 90.
«El edificio quedó en manos de Banesto tras el acuerdo alcanzado con un deudor [Pueyo] que nos debía muchísimo dinero. Fruto de la ejecución de estas deudas nos adjudicamos varios inmuebles en el extranjero y en España, entre ellos el hotel Maspalomas de Las Palmas y el palacio ducal», recuerda Alfredo Sáenz, a quien el entonces presidente de la Diputación, Vicente Orden Vigara, le llamó en varias ocasiones para preguntarle sobre los planes que tenía el banco con el histórico inmueble que había caído en sus manos. El alcalde lermeño Diego Peña también andaba detrás...
«Yo le dije que no sabíamos lo que íbamos a hacer, porque el palacio estaba en un estado lamentable y sin mantenimiento alguno, no obstante, no tuve ningún inconveniente en verme con él para escuchar sus propuestas...». Sáenz tenía un asesor de primera mano, el burgalés Luis Abril, su director general y un alumno aventajado de Orden Vigara en sus tiempos de profesor de gimnasia, quien ejerció de mediador y puso sobre la mesa la idea que engrasaría el proceso cuando atravesaba sus peores momentos.
El 13 de marzo de aquel año se firmó en Valladolid el acuerdo definitivo de cesión de palacio ducal, con la rúbrica del entonces presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, y de la Secretaría de Estado de Comercio, Turismo y de la Pyme-Presidencia de Turespaña, además de la Diputación y Banesto.
En este documento confluyeron intereses muy dispares: una entidad financiera en plena reconversión con el deseo de desprenderse de patrimonio inmobiliario, una sociedad pública en proceso de expansión de su red hotelera y, muy especialmente, una Diputación y su presidente con el viejo anhelo de construir el primer parador nacional de la provincia.
El acuerdo incorporaba un papel activo a la Diputación, administración que cedería el inmueble libre de cargas y de forma gratuita al Estado por un plazo no inferior a 30 años para transformarlo en un parador. En abril se encargó al arquitecto José María Pérez 'Peridis' el proyecto básico. Se elaboró en un mes, pero no terminó de convencer a la Comisión de Patrimonio, que lo derivó a Valladolid.
El cambio de gobierno en España en mayo, el ocaso de la era Felipe González y la irrupción de José María Aznar, también afecta a Paradores. El proyecto heredado de los socialistas en Lerma no apasiona y empiezan los recelos en torno al convenio firmado hace apenas dos meses: requiere invertir en un inmueble privado y Paradores ya no es competente en la construcción de sus hoteles, algo que corresponde a Turespaña...
Lo que parece una simple chinita en el proceso, se alarga por espacio de medio año y empiezan los nervios en Burgos y Valladolid...

CHOCOLATINA. Fue el antojo de una niña de 5 años, la hija de Luis Abril, el que sin pretenderlo, rescató el proyecto del cajón. Camino de Madrid, hicieron parada en el Landa para atender la petición de la pequeña. En la cafetería del hotel -cruce obligado de caminos y proyectos- el director general de Banesto se topó con Orden Vigara y Lucas charlando en una mesa. Llamaron su atención y el soriano, con gesto muy serio, le vino a decir: «Si en Banesto os creéis que la firma del presidente de la Junta se puede pasar por el arco del triunfo estáis muy equivocados. Díselo a tu presidente Alfredo...».
Y así lo hizo. El acuerdo que habían firmado con una administración socialista estaba en entredicho con el nuevo gobierno del Partido Popular, aunque llevase la firma del presidente de la Junta, del mismo color político. «Lerma se quedaba sin parador y Banesto con un palacio por cuyo mantenimiento pagaba 80 millones de pesetas al año..., y para nada», recuerda Abril.
El directivo llamó a su antiguo profesor y le explicó la crítica situación. «Nos citamos para vernos. Recuerdo que había llegado a las 5 de la mañana en un vuelo a Barajas y a las 8,15 estaba en el primer despacho del palacio de la Diputación. Minutos antes, en la duermevela del camino, justo cuando pasábamos por Lerma, se me ocurrió la idea mágica, una oferta que Paradores no podía rechazar: que la Diputación nos compre el Palacio por una peseta y que lo done. En Madrid no podían decir que no lo querían, se lo tendrían que quedar y construir finalmente el parador».
La idea, que descartaba el retorno del inmueble a Banesto en un plazo de 30 años, gustó a Vigara y también a Lucas que, puesto al teléfono, desde Valladolid dio el visto bueno con un «¡Tirad para adelante...!».
Todo perfecto. Pero el presidente de Banesto y su consejo de administración no sabían nada de la famosa peseta. Afortunadamente, «Alfredo Sáenz no me puso ninguna pega, todo lo contrario, me dijo que adelante con los faroles, que esto era importante para Burgos y que él me apoyaría ante el Consejo del banco», detalla Abril.
Al parecer, Madrid se escudaba en que no tenía dinero para rehabilitar en profundidad un edificio protegido construido entre 1613 y 1618. «A ellos no le salían los números y por eso le dije a Vigara que si el tema es el precio yo os lo 'regalo' a un precio simbólico, el mejor reclamo para que Paradores se animara a dar el paso», puntualiza Alfredo Sáenz, que tiene aún fresca en la memoria la peseta de papel por la que se cedió la casa-palacio a la Diputación y que él fue a recoger en mano a Burgos en marzo de 1997, un año después del primer preacuerdo. «Se lo regalamos virtualmente...», ironiza el que posteriormente fue el consejero delegado de Santander la presidencia de Emilio Botín.

MILLONES. Y el 'regalo', bien mirado, fue muy generoso. El Servicio de Arquitectura y Urbanismo de la Diputación tasó el precio del inmueble en 1.268 millones de las antiguas pesetas. Banesto también aportó 800.000 pesetas a la Administración provincial para la compra a unos particulares de un local ubicado en la fachada principal, operación que hacía posible la cesión gratuita al Estado de la totalidad del palacio libre de cargas y gravámenes.
«Nosotros ya no entramos en la firma del convenio de cesión ni en la construcción del parador, no nos correspondía como banco. Lerma fue uno de los asuntos que ocupó una reestructuración bancaria muy compleja [originada tras la salida de Mario Conde como presidente y la intervención de Banesto]. Desde el principio descarté la alternativa de impulsar un proyecto hotelero en Lerma porque no era nuestro negocio».
Veinte años después de la firma de aquel preacuerdo, este banquero bilbaíno conserva su «gran satisfacción de saber que desde Banesto contribuyó en alguna medida a hacer realidad este proyecto. Creo que para Lerma ha sido una cosa muy buena...».
El 23 de julio de 1998, el Pleno de la Diputación aprobó por unanimidad la cesión del palacio ducal a la Dirección General de Patrimonio. El acuerdo definitivo, como en la anterior ocasión, se escenificó en Valladolid, en la sede la Junta y en presencia de Lucas. El político soriano tiró de aguda sorna en su discurso y vino a decir algo así como «si Lerma se llamase Olot y estuviese en Cataluña, Lerma hace muchos años que tendría Parador; si Lerma se llamase Éibar y estuviese en el País Vasco, hace muchos años que tendría parador, pero como no es así, Lerma va a tener parador gracias al esfuerzo de estas dos personas que están a mi lado». El entonces secretario de Estado de Comercio, Turismo y de la Pequeña y Mediana Empresa, José Manuel Fernández Norniella, del PP, clavó su mirada en el presidente y el director de Banesto...
El parador fue inaugurado por un Rodrigo Rato en horas felices, es decir, en su condición vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, y Juan Vicente Herrera. Era el 10 de abril de 2003, cuando arreciaba la polémica por la guerra de Iraq y los anhelos belicistas de Aznar. Ni Alfredo Sáenz ni Luis Abril fueron invitados al acto, aunque la villa les reconoció su esfuerzo diez años después con una placa conmemorativa y una comida en el gran hotel.

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